Con Ready Player One, Steven Spielberg ha logrado dos cosas que me impresionaron bastante, con Ready Player One: adaptar un libro que apelaba más a una audiencia de 30 / 40 años con bastante nostalgia por toda la “cultura geek” de los ochentas y noventas, a una película que puede ser disfrutada no sólo por este segmento demográfico, sino también por niños, adolescentes y “no geeks”, con la típicas inflexiones de Spielberg. Pero además, Ready Player One es uno de los pocos films que logra darnos una excelente fusión entre un mundo virtual, y uno real, el de un futuro distópico y una realidad virtual en la que todos los seres humanos prefieren refugiarse: un mundo masivo multiplayer online (MMO) en VR libre de copyrights y donde cualquier persona puede convertirse en lo que desee.

Ready Player One: Mezclando lo virtual con lo real

 

Disclaimer: Tuve la oportunidad de ver el film el martes de la semana pasada gracias a una invitación de Warner, pero, por supuesto, cualquier opinión vertida sobre la película es propia y libre de influencias externas.

Es en este mundo virtual, el Oasis, donde la mayor parte de la acción e intriga ocurren, pero siempre están ligados a sucesos en la realidad. Y ese, creo yo, es uno de los aciertos del film: existen un montón de escenas donde vemos cómo un “avatar” o personaje virtual realiza ciertas acciones en el Oasis, y son replicadas en la realidad, a veces con efectos cómicos. Uno puede “morir” en el Oasis, sí, pero reaparece de forma instantánea; sin embargo, toda la fortuna acumulada en el juego – que, sí, es una moneda virtual que tiene efectos en el mundo real – junto con todos los objetos que uno estaba cargando (que pueden incluir miniaturas de vehículos, con muchas referencias a animes y películas de ciencia ficción, que pueden cobrar un tamaño real y ser utilizados en el mundo virtual), se pierden. Una escena nos demuestra el extremo de esta implicancia, al ver cómo una persona cuyo avatar acaba de perecer en el juego, intenta lanzarse por la ventana, tras perder lo que, asumimos, es años y años de logros y fortunas con su personaje. Es un film con un claro contraste entre lo terrible que es el mundo real, y lo idóneo, utópico que puede resultar un mundo virtual. Pero a la vez, mientras se desarrolla la trama – y con típicas maniobras familiares para todos los que hemos visto una o trece películas de Spielberg – veremos cómo una “realidad virtual”, un mundo ficticio simplemente no puede ser un reemplazo del real.

 

Ready Player One: Veredicto

 

Debido a que el Oasis, este mundo virtual, fue concebido por una sola persona, está repleto de todo lo que amó desde pequeño. Siendo un programador introvertido, obsesionado con los 80s (y, en parte, 90s) y básicamente un cliché del sujeto “geek”, en el mundo virtual encontraremos una enorme cantidad de referencias a libros, films, música y videojuegos de la época. Cosas como Joust, Adventure, King Kong, se unen a personajes de DC Comics, Akira, Freddy Krueger, personajes de Street Fighter, en un sinfín de cameos y referencias que empapan cada minuto del film. Afortunadamente, estas referencias son, en mayor parte, sólo decoraciones del film, no son tan “in your face” como ocurría en el libro. El film hace un buen trabajo adaptando el contenido del libro, cambiando varias secuencias y escenas por ideas frescas, y modernizando varias cosas más (muchísimas cosas han cambiado desde el debut del libro en el 2011, después de todo).

Donde el film pierde un poco de fuerza, es en las escenas “en la realidad”, lejos de los carismáticos sets virtuales. El film ofrece una historia de aventura básica donde lo que destaca es, en esencia, la ambientación, la ubicación en donde todo ocurre. Cada vez que somos devueltos a la realidad, la trama pierde fuerza por lo bi-dimensionales que son los personajes, y lo ordinarios que son los deseos de buenos y malos. Que, para ser justos, es algo que afectaba también al libro.

Ready Player One es una excelente adaptación del libro que, estoy seguro, satisfacerá a todos los que disfrutaron del trabajo de Ernest Cline. Pero como el libro, no esperen más de una clásica historia de aventura, la misma contada infinidad de veces. Una que, sin embargo, ha sido adornada de excelente manera con referencias, personajes y un mundo virtual, el Oasis, que, en los 7 años que han pasado desde que el libro fue publicado, parece una realidad bastante plausible.

En conclusión, es un film bastante divertido, especialmente para todos aquellos que, como Halliday – creador del mundo virtual – recordamos toda la cultura geek de los 80s y 90s con nostalgia.