Venetia Burney, en la mañana del 14 de marzo de 1930, estaba sentada, tomando feliz el desayuno en su casa al norte de Oxford, donde vivía con su abuela. Al igual que su nieta, ambas se encontraban disfrutando de la primera comida, cuando la anciana llegó a la página 14 del Times que estaba leyendo, donde se anunciaba el descubrimiento del nuevo planeta, el cual aún carecía de nombre.

Ante la sugerencia de Venetia de nombrarlo Plutón, la abuela fue veloz hacia el profesor de astronomía Herbert Hall Turner, amigo de la familia en la universidad de Oxford, y uno de los líderes en el esfuerzo mundial para producir una tabla astronómica.

El resto, es historia.